HA-NO.TSZRI:
Una comunidad confundida por otra y un símbolo en el olvido Una comunidad confundida por otra y un símbolo en el olvido ¿Sabías que los primeros cristianos de la historia no fueron católicos ni protestantes? De hecho, durante los primeros siglos de nuestra era ninguna de estas dos identidades existía todavía. Entonces, ¿quiénes eran aquellos hombres y mujeres que siguieron las enseñanzas de Yehoshúa Ha-Notzrí o Jesús de Nazaret durante el siglo I? Para responder esa pregunta debemos viajar a una época muy distinta a la nuestra. Una época donde Ierushalayim (Jerusalén) seguía siendo el corazón espiritual del pueblo judío, donde el Templo aún permanecía en pie y donde pequeñas comunidades de creyentes comenzaban a expandirse por diferentes ciudades del mundo conocido entonces. Aquellos seguidores de Jesús eran conocidos como los Ha-Not.srim, Los Nazarenos. Entre ellos había judíos y gentiles provenientes de distintas regiones donde gobernaba el Imperio Romano. Vivían en un contexto profundamente judío, observaban el Shabat, conocían las festividades bíblicas y mantenían muchas de las costumbres propias de su época aun fuera de Israel a donde emigraran. Sin embargo, esta historia no pretende hablar exclusivamente de ellos, al menos no en este primer capítulo, sino más bien del símbolo —o de los símbolos— que utilizaron y que, con el paso de los siglos, llegaron a formar parte de su identidad. Ni en este ni en los capítulos siguientes pretendemos polemizar sobre las filosofías o ideologías de las miles de organizaciones religiosas que hoy afirman ser, casi de manera “directa”, descendientes de aquellos primeros cristianos o Ha-No.tszri (los Nazanos), aun cuando la historia documentada y la arqueología moderna les desmiente sus afirmaciones y permite establecer importantes diferencias entre unas y otras. Nuestro propósito tampoco será discutir doctrinas ni creencias religiosas. Nos limitaremos a investigar los hechos a la luz de la historia documentada, las fuentes antiguas y los descubrimientos que la arqueología continúa aportando hasta nuestros días. Será el propio lector quien saque sus propias conclusiones. Más bien éste artículo trata de revivir la historia de un símbolo prácticamente olvidado que parece haber acompañado a diferentes comunidades mientras se dispersaban desde Jerusalén, Judea, Galilea, Siria, Asiria, Asia Menor, Grecia, Roma, el norte de África e incluso Hispania o España. Un símbolo compuesto por tres elementos extraordinarios: 🕎 La Menoráh ✡️ La Estrella de David 🐟 y un Pez. Pero para comprender su origen debemos regresar al principio. Antes de continuar con esta historia, hagámonos una pregunta: ¿qué significa realmente “Ha-No.tszri”, el título de esta investigación? Antes de continuar, vale la pena detenernos un instante en el propio nombre de esta investigación. Comprender su origen etimológico y la raíz hebrea de la que proviene nos permitirá interpretar con mayor precisión el contexto histórico que desarrollaremos a lo largo de los siguientes capítulos. A lo largo de este artículo utilizaremos repetidamente el término Ha-No.tszri, una expresión prácticamente desconocida para la mayoría de los lectores modernos. “En hebreo, el singular es Notzrí (נוֹצְרִי) y el plural Ha-No.tszrim (הַנּוֹצְרִים), literalmente “los nazarenos”, denominación con la que diversas fuentes judías identificaron a los primeros seguidores de Jesús de Nazaret” El término se relaciona tradicionalmente con Natzeret (Nazaret), la ciudad donde Jesús creció. Diversos investigadores también han observado su cercanía con la raíz hebrea נ־צ־ר (N-Tz-R), asociada a terminos como: guardar, preservar, custodiar o vigilar. Aunque no existe consenso en que esa sea la etimología directa del término, la relación resulta especialmente interesante para una comunidad que buscó preservar las enseñanzas recibidas de sus maestros mientras se dispersaba por diferentes regiones dónde imperaba el poder del Imperio Romano. Por esa razón hemos preferido utilizar el nombre Ha-No.tszri como título de esta serie. Más que un simple nombre, representa una invitación a redescubrir una parte de la historia que, con el paso de los siglos, quedó prácticamente olvidada. Cuando los símbolos comenzaron a hablar Aquí puedo hacer nuevamente uso de una de mis comparaciones propias para explicitar un ejemplo. Hoy resulta fácil identificar una comunidad, una empresa o una organización. Basta observar un logotipo. Por ejemplo: cuando vemos las tres franjas de Adidas, el símbolo de Diadora o el emblema de una conocida bebida, inmediatamente sabemos quién está detrás de esa marca. Lo mismo ocurre con las banderas nacionales, los escudos institucionales y hasta las insignias militares o deportivas. Los símbolos transmiten identidad, pertenencia y memoria. Son capaces de comunicar quiénes somos, qué representamos y a qué grupo pertenecemos. En la antigüedad ocurría exactamente lo mismo. Los símbolos transmitían identidad, pertenencia y memoria colectiva. Las primeras comunidades judías de seguidores de Jesús no poseían templos monumentales ni grandes edificios que las identificaran. Muchas veces se reunían en casas particulares, en pequeños grupos familiares o en lugares discretos debido a las tensiones religiosas y políticas propias de la época. Con el paso del tiempo, ciertos símbolos comenzaron a representar aspectos importantes de su identidad y de su herencia espiritual. La Menoráh: La luz que brilla en Jerusalén Entre todos los símbolos relacionados con el judaísmo del antiguo Israel, ninguno posee una historia comprobada por la ciencia de la arqueología tan vastamente documentada como la Menoráh. Mucho antes de convertirse en el símbolo del Escudo Nacional del moderno Estado de Israel, la Menoráh representaba la luz divina, la presencia de Di-s y la identidad espiritual del pueblo judío. La arqueología ha permitido descubrir numerosas representaciones antiguas de este símbolo, desde esculturas, dibujos y decoraciones de cerámica. Una de las más famosas es la Piedra de la Magdala, hallada en Galilea y fechada aproximadamente en el siglo I. Muchos investigadores consideran que contiene una de las representaciones más antiguas conocidas de la Menoráh y que conste de la época del Segundo Templo. También encontramos representaciones en monedas, lámparas de aceite, mosaicos y grabados distribuidos por diversas regiones del mundo judío. Entonces ya no nos resulta extraño que las comunidades vinculadas a Jerusalén y Judea continuaran identificándose con este símbolo profundamente arraigado en su historia y su cultura. Un Pez que nadó por las templadas y cálidas aguas del
