Historias de Joyería

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HA-NO.TSZRI:

Una comunidad confundida por otra y un símbolo en el olvido Una comunidad confundida por otra y un símbolo en el olvido ¿Sabías que los primeros cristianos de la historia no fueron católicos ni protestantes? De hecho, durante los primeros siglos de nuestra era ninguna de estas dos identidades existía todavía. Entonces, ¿quiénes eran aquellos hombres y mujeres que siguieron las enseñanzas de  Yehoshúa Ha-Notzrí  o Jesús de Nazaret durante el siglo I? Para responder esa pregunta debemos viajar a una época muy distinta a la nuestra. Una época donde Ierushalayim (Jerusalén) seguía siendo el corazón espiritual del pueblo judío, donde el Templo aún permanecía en pie y donde pequeñas comunidades de creyentes comenzaban a expandirse por diferentes ciudades del mundo conocido entonces. Aquellos seguidores de Jesús eran conocidos como los Ha-Not.srim, Los Nazarenos. Entre ellos había judíos y gentiles provenientes de distintas regiones donde gobernaba el Imperio Romano. Vivían en un contexto profundamente judío, observaban el Shabat, conocían las festividades bíblicas y mantenían muchas de las costumbres propias de su época aun fuera de Israel a donde emigraran. Sin embargo, esta historia no pretende hablar exclusivamente de ellos, al menos no en este primer capítulo, sino más bien del símbolo —o de los símbolos— que utilizaron y que, con el paso de los siglos, llegaron a formar parte de su identidad. Ni en este ni en los capítulos siguientes pretendemos polemizar sobre las filosofías o ideologías de las miles de organizaciones religiosas que hoy afirman ser, casi de manera “directa”, descendientes de aquellos primeros cristianos o Ha-No.tszri (los Nazanos), aun cuando la historia documentada y la arqueología moderna les desmiente sus afirmaciones y permite establecer importantes diferencias entre unas y otras. Nuestro propósito tampoco será discutir doctrinas ni creencias religiosas. Nos limitaremos a investigar los hechos a la luz de la historia documentada, las fuentes antiguas y los descubrimientos que la arqueología continúa aportando hasta nuestros días. Será el propio lector quien saque sus propias conclusiones. Más bien éste artículo trata de revivir la historia de un símbolo prácticamente olvidado que parece haber acompañado a diferentes comunidades mientras se dispersaban desde Jerusalén, Judea, Galilea, Siria, Asiria, Asia Menor, Grecia, Roma, el norte de África e incluso Hispania o España. Un símbolo compuesto por tres elementos extraordinarios: 🕎 La Menoráh ✡️ La Estrella de David  🐟 y un Pez. Pero para comprender su origen debemos regresar al principio.  Antes de continuar con esta historia, hagámonos una pregunta: ¿qué significa realmente “Ha-No.tszri”, el título de esta investigación? Antes de continuar, vale la pena detenernos un instante en el propio nombre de esta investigación. Comprender su origen etimológico y la raíz hebrea de la que proviene nos permitirá interpretar con mayor precisión el contexto histórico que desarrollaremos a lo largo de los siguientes capítulos. A lo largo de este artículo utilizaremos repetidamente el término Ha-No.tszri, una expresión prácticamente desconocida para la mayoría de los lectores modernos. “En hebreo, el singular es Notzrí (נוֹצְרִי) y el plural Ha-No.tszrim (הַנּוֹצְרִים), literalmente “los nazarenos”, denominación con la que diversas fuentes judías identificaron a los primeros seguidores de Jesús de Nazaret” El término se relaciona tradicionalmente con Natzeret (Nazaret), la ciudad donde Jesús creció. Diversos investigadores también han observado su cercanía con la raíz hebrea נ־צ־ר (N-Tz-R), asociada a terminos como: guardar, preservar, custodiar o vigilar. Aunque no existe consenso en que esa sea la etimología directa del término, la relación resulta especialmente interesante para una comunidad que buscó preservar las enseñanzas recibidas de sus maestros mientras se dispersaba por diferentes regiones dónde imperaba el poder del Imperio Romano. Por esa razón hemos preferido utilizar el nombre Ha-No.tszri como título de esta serie. Más que un simple nombre, representa una invitación a redescubrir una parte de la historia que, con el paso de los siglos, quedó prácticamente olvidada. Cuando los símbolos comenzaron a hablar Aquí puedo hacer nuevamente uso de una de mis comparaciones propias para explicitar un ejemplo. Hoy resulta fácil identificar una comunidad, una empresa o una organización. Basta observar un logotipo. Por ejemplo: cuando vemos las tres franjas de Adidas, el símbolo de Diadora o el emblema de una conocida bebida, inmediatamente sabemos quién está detrás de esa marca. Lo mismo ocurre con las banderas nacionales, los escudos institucionales y hasta las insignias militares o deportivas. Los símbolos transmiten identidad, pertenencia y memoria. Son capaces de comunicar quiénes somos, qué representamos y a qué grupo pertenecemos. En la antigüedad ocurría exactamente lo mismo. Los símbolos transmitían identidad, pertenencia y memoria colectiva. Las primeras comunidades judías de seguidores de Jesús no poseían templos monumentales ni grandes edificios que las identificaran. Muchas veces se reunían en casas particulares, en pequeños grupos familiares o en lugares discretos debido a las tensiones religiosas y políticas propias de la época. Con el paso del tiempo, ciertos símbolos comenzaron a representar aspectos importantes de su identidad y de su herencia espiritual.  La Menoráh: La luz que brilla en Jerusalén Entre todos los símbolos relacionados con el judaísmo del antiguo Israel, ninguno posee una historia comprobada por la ciencia de la arqueología tan vastamente documentada como la Menoráh. Mucho antes de convertirse en el símbolo del Escudo Nacional del moderno Estado de Israel, la Menoráh representaba la luz divina, la presencia de Di-s y la identidad espiritual del pueblo judío. La arqueología ha permitido descubrir numerosas representaciones antiguas de este símbolo, desde esculturas, dibujos y decoraciones de cerámica. Una de las más famosas es la Piedra de la Magdala, hallada en Galilea y fechada aproximadamente en el siglo I. Muchos investigadores consideran que contiene una de las representaciones más antiguas conocidas de la Menoráh y que conste de la época del Segundo Templo. También encontramos representaciones en monedas, lámparas de aceite, mosaicos y grabados distribuidos por diversas regiones del mundo judío. Entonces ya no nos resulta extraño que las comunidades vinculadas a Jerusalén y Judea continuaran identificándose con este símbolo profundamente arraigado en su historia y su cultura. Un Pez que nadó por las templadas y cálidas aguas del

Portada con Estrella de David y el texto Maguen David, entre la leyenda y la Historia.
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EL ESCUDO DE DAVID: ENTRE LA LEYENDA Y LA HISTORIA

EL ESCUDO DE DAVID: ENTRE LA LEYENDA Y LA HISTORIA La leyenda milenaria del Maguen David fue fascinante, pero más aún cuando la tía Myriam, desde el más allá, me obligó a inspirarme en el momento exacto en que quise saber de su historia. Esa leyenda habla del rey David, de artesanos extraordinarios que si existieron en la vida real y de un escudo protegido por una bendición sacerdotal. Pero cuando los arqueólogos comenzaron a estudiar la historia del Maguen David descubrieron algo igualmente sorprendente: La verdadera historia de este símbolo es mucho más compleja, extensa y apasionante de lo que la mayoría de la gente se puede imaginar. ¿Puede una simple estrella contener siglos de historia, fe y memoria? Existen símbolos que nacen en un momento específico de la historia y otros que parecen surgir lentamente desde la memoria de los pueblos. El Maguen David, conocido en español como la Estrella de David o también como Escudo de David pertenece a esta segundo grupo. Entre las numerosas tradiciones transmitidas de generación en generación existe una antigua leyenda relacionada con el llamado “Modelo Kohen” o “Modelo Sacerdotal”. Según esta tradición, ciertas formas ornamentales de la estrella habrían sido utilizadas por familias sacerdotales descendientes de Aarón, convirtiéndose con el tiempo en símbolos de identidad y pertenencia espiritual. Como ocurre con muchas historias antiguas, resulta difícil separar completamente la tradición de los hechos comprobables. Sin embargo, eso no disminuye su valor. Las leyendas suelen conservar aquello que los pueblos consideran importante recordar. Pero más allá de la leyenda surge una pregunta fascinante:  ¿Cuándo apareció realmente la Estrella de David en la historia? Contrario a lo que muchas personas creen, el Maguen David no fue desde sus orígenes el símbolo oficial del judaísmo. Aunque el símbolo suele asociarse inmediatamente con el rey David, los historiadores no han encontrado evidencia arqueológica exacta que permita afirmar que el propio monarca utilizara una estrella de seis puntas como emblema oficial de su reino. De hecho, las primeras referencias documentales aparecen muchos siglos después de la época de David. Sin embargo, esto no disminuye su importancia. ¡Al contrario!. La verdadera historia del Maguen David resulta aún mucho más fascinante, pues nos muestra cómo un sencillo símbolo perfectamente matemático y geométrico fue adquiriendo significado a través de generaciones hasta transformarse en uno de los emblemas más reconocidos del pueblo judío. Los hallazgos arqueológicos muestran que el hexagrama con sus seis puntas ya era conocido en diferentes culturas del mundo antiguo como elemento decorativo y geométrico. Sin embargo, con el paso de los siglos comenzó a adquirir una identidad particular dentro de las comunidades judías.  Cuando la arqueología comenzó a hablar El sitio se encuentra en la depresión del Valle del Jordán, a unos 210 metros bajo el nivel del mar y a pocos kilómetros al oeste de la desembocadura del río Jordán. Entre los elementos decorativos conservados en piedra caliza aparece una estrella de David de seis puntas tallada que los investigadores la sitúan entre  siglos III y comienzos del IV de nuestra era. Este hallazgo constituye una de las evidencias arqueológicas más conocidas de la presencia temprana del hexagrama en un contexto plenamente judío de Tierra de Israel. Image: Free to use image with attribution. Author: Bukvoed via Wikimedia Commons / CC BY 4.0 Un segundo descubrimiento igualmente interesante proviene de la antigua ciudad de Shilóh (Tel Shiloh), localizada en la región histórica de Samaria, en las montañas centrales de Judea. (puedes clikear la fuente sobre el texto “Tel Shilóh” y revisar todos detalles arqueológicos de las excavaciones bíblicas demostradas por la ciencia) Sus coordenadas corresponden aproximadamente a 32°03´21″N y 35°17´22″E. A diferencia de Cafarnaúm, situada bajo el nivel del mar, Shilóh se encuentra a una altitud cercana a los 714 metros sobre el nivel del mar, rodeada de colinas, al norte de Betel y al sur de Levonah. En este lugar fue descubierto un mosaico perteneciente a una antigua iglesia cristiana de la época, datada entre los siglos IV y V. Entre sus elementos decorativos destaca nuevamente la presencia de una Maguen David, Estrella de David de seis puntas integrada en el diseño arquitectónico del lugar. Lo interesante de estos hallazgos no radica únicamente en la presencia de la figura geométrica de la Estrella de David, sino también en la considerable distancia geográfica que separa ambos sitios arqueológicos. Uno se encuentra en las costas del Mar de Galilea y el otro en las montañas de Samaria. Ambos encuentros arqueológicos da testimonio que la Estrella de David, la Maguén David o el hexagrama de seis puntas era ya conocida y utilizada en la región muchísimos siglos antes de que las comunidades judías medievales de Europa la adoptaran como uno de sus emblemas más característicos. Estos descubrimientos no permiten afirmar que el Maguen David ya poseyera entonces el mismo significado identitario que tendría siglos más tarde. Sin embargo, sí demuestran que la figura era re conocida, apreciada y utilizada en contextos religiosos y culturales de la antigua Tierra de Israel mucho antes de la Edad Media. Las antiguas comunidades judías que ayudaron a convertirla en un símbolo Sin embargo, fue durante el período medieval cuando la estrella comenzó a adquirir un papel cada vez más visible dentro de las comunidades judías de Europa. Durante los siglos XIII y XIV, varias comunidades judías de Europa Central comenzaron a incorporar el Maguen David en sinagogas, manuscritos y sellos comunitarios. Uno de los casos más conocidos ocurrió en Praga, donde la comunidad judía utilizó la estrella como emblema distintivo mucho antes de que se transformara en un símbolo universal del judaísmo. Con el paso del tiempo, otras comunidades siguieron el mismo camino. Lo que comenzó como un emblema local terminó convirtiéndose en una representación reconocida por judíos de distintos países y tradiciones. La estrella comenzó a aparecer en fachadas de sinagogas, lápidas de antiguos cementerios, documentos religiosos y objetos ceremoniales, hasta convertirse en uno de los símbolos más reconocibles del pueblo judío a nivel mundial. Mucho más que un diseño

El Sello de Salomón Historia
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El Sello de Salomón: Historia, Tradición y el Símbolo que Fascina al Mundo

¿Has oído hablar del Monte Moriáh, del rey David, del profeta Gad y de Flavio Josefo en un solo artículo? Bueno, entonces acomódate, prepara tu mate o tu café (si es de grano, mucho mejor; siempre será más natural) y acomódate para leer unos minutos, porque todos ellos serán protagonistas de esta historia. Para comprender el origen del llamado Sello de Salomón debemos viajar a las montañas de Jerusalén, específicamente al Monte Moriáh, uno de los lugares más importantes de toda la historia bíblica. Fue allí donde, según relatan las Escrituras, Dios envió un mensaje al rey David por medio del profeta Gad, instruyéndole a levantar un altar al Eterno en la era de Ornán Jebuseo (1 Crónicas 21 y 2 Crónicas 3:1). David compró aquel terreno y anunció públicamente que ese lugar sería consagrado para la Casa de Di-s. Años más tarde, sería precisamente en ese mismo monte donde su hijo Shlomo, más conocido como Salomón, construiría el famoso Templo de Jerusalén, una de las obras más impresionantes y recordadas de la antigüedad. Piense usted por un momento en el presidente de su país anunciando en cadena nacional la construcción de una gran obra pública. Imagine que firma un decreto, presenta los planos y deja oficialmente establecida la ejecución de un proyecto esperado por toda la ciudadanía. Algo similar ocurrió en tiempos del rey David. Aunque no fue él quien edificó el Templo, sí dejó establecida la decisión, adquirió el terreno y preparó el camino para que su sucesor, su hijo Salomón, completara la obra con el proyecto ya aprobado y respaldado por la autoridad real. Pero la historia no termina ahí. Aquí comienza. El sello de un rey Imagine ahora los antiguos timbres de tinta china que aún existen en muchas oficinas del siglo XXI. O quizá los modernos timbres de goma que utilizan empresas, municipalidades, notarías y organismos públicos para validar contratos, documentos y certificados. Un simple golpe de tinta y una firma bastan para indicar autenticidad. Hoy, desde hace algunos años, todo se ha modernizado rápidamente. Utilizamos firmas digitales, códigos QR y certificados electrónicos. En la antigüedad, los reyes tenían algo mucho más personal: su propio sello. Era su firma. Era su autoridad. Era la garantía de que aquel documento había sido emitido en nombre del monarca. Por esta razón, los reyes solían utilizar anillos-sello grabados con símbolos únicos que permitían autenticar decretos, órdenes y comunicaciones oficiales. La impresión de aquel anillo sobre arcilla, cera o pergamino equivalía a una firma oficial del reino. Según antiguas tradiciones asociadas al rey Salomón, su anillo se convirtió en uno de los símbolos más famosos de la historia. ¿Qué contenía el llamado Sello de Salomón? Piense por un momento en el logotipo de una empresa moderna. Cuando observamos el símbolo de una compañía reconocida, o quizá, ¿por qué no?, cuando vemos el logo de Shülem, inmediatamente identificamos quién está detrás de ese producto o servicio. Lo mismo ocurría en la antigüedad. Los símbolos transmitían identidad, autoridad y pertenencia. Según diversas tradiciones judías transmitidas a través de generaciones, el sello de Salomón incorporaba el símbolo asociado a la Casa de David. Con el paso de los siglos, este símbolo sería identificado por muchos como el Maguén David o Escudo de David. Algunas tradiciones también describen que en su centro aparecía la letra hebrea Shin (ש), inicial de uno de los nombres divinos más reconocidos dentro de la tradición hebrea: El Shaddai, b´h. (todo poderoso / provisión / fuente de abundancia y sabiduría) Alrededor del símbolo habría existido una inscripción inspirada en antiguas plegarias hebreas relacionadas con la protección, la prosperidad y el cuidado divino: אָנָּא יְהוָה הוֹשִׁיעָה נָּא אָנָּא יְהוָה הַצְלִי נ / Aná Adonai hatzlíja na, aná Adonai shamreni ve-hatzileni / “Por favor, Señor, danos prosperidad; por favor, Señor, cuídame y sálvame”. (Salmo 118:25) Para muchos creyentes, esta letra representa protección, resguardo y la presencia de Di-s acompañando al pueblo de Israel. De esta manera, el llamado Sello de Salomón habría unido dos conceptos fundamentales: la autoridad de la Casa de David y la protección y bendición del Di-s de Israel. Derribando mitos y falsas creencias A lo largo de los siglos han surgido innumerables leyendas sobre el Sello de Salomón. Algunos lo han descrito como un amuleto mágico. Otros como un objeto esotérico. Incluso existen quienes, por desconocimiento o por prejuicios heredados han llegado a catalogarlo erróneamente como un símbolo satánico, una afirmación que carece de fundamento histórico; Conceptos completamente ajenos a la tradición judía y a textos académicos. Por otro lado, también encontramos relatos medievales que le atribuyen poderes sobrenaturales y facultades extraordinarias. Sin embargo, cuando analizamos la historia con seriedad, descubrimos que muchas de estas ideas aparecieron siglos después de la época bíblica y no forman parte de las fuentes hebreas más antiguas. La realidad histórica suele ser mucho más interesante que la fantasía. Pero… ¿qué nos escribió realmente Flavio Josefo? Para comprender mejor el contexto histórico debemos acudir a uno de los autores judíos más importantes del siglo I. Su verdadero nombre fue Yosef Ben Matityahu, aunque el mundo lo conoce como Flavio Josefo. Nacido en Jerusalén alrededor del año 37 D.C. y fallecido cerca del año 101 D.C., es considerado una de las fuentes históricas más importantes para comprender el judaísmo del período del Segundo Templo. Sus obras continúan siendo estudiadas en universidades de todo el mundo por historiadores, arqueólogos, teólogos e investigadores especializados en historia antigua. Fue testigo de acontecimientos fundamentales como la guerra entre Roma y Judea, la caída de Jerusalén y la destrucción del Segundo Templo en el año 70 D.C. Su obra más conocida, “Antigüedades Judías“, escrita alrededor de los años 93 y 94 D.C., constituye una fuente invaluable para comprender la historia del pueblo judío desde sus orígenes hasta su propia época. Gracias a sus escritos conocemos detalles fundamentales sobre Jerusalén, los reyes de Israel, el Templo y las tradiciones asociadas a figuras tan importantes como David y Salomón. Y es precisamente a través de fuentes históricas como

Menoráh Candelabro Historia Significado
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MENORÁH: Historia, significado y reflexión

MENORÁH: Testigo de la Historia; Un Símbolo que Nunca se Apagó Por: Yaakov Elías Israel MENORÁH: Aquí te enseñamos toda su historia y significado al más puro estilo de Shulem ¿Qué tienen en común la Biblia, la arqueología, la historia, los museos más prestigiosos del mundo y una de las obras de orfebrería más admiradas de todos los tiempos? La respuesta es sencilla: La Menoráh. Muchos la conocen como el antiguo candelabro de siete brazos del pueblo de Israel. Sin embargo, pocos saben que estamos hablando de una de las piezas artísticas más extraordinarias jamás descritas en la historia de la humanidad. Su historia comenzó hace más de tres mil años, cuando Moisés recibió instrucciones precisas para la construcción del Tabernáculo. Entre todos los objetos sagrados que debían fabricarse, existía uno que destacaba por encima de los demás. La Menoráh. No debía construirse por partes. No debía ensamblarse posteriormente. No debía fundirse en diferentes piezas para luego unirse. Debía surgir de una sola pieza maciza de oro puro, trabajada pacientemente por manos expertas. Así lo describe el texto bíblico: “וְעָשִׂ֥יתָ מְנֹרַ֖ת זָהָ֣ב טָה֑וֹר מִקְשָׁ֞ה תֵּעָשֶׂ֤ההַמְּנוֹרָה֙ יְרֵכָ֣הּ וְקָנָ֔הּ גְּבִיעֶ֛יהָ כַּפְתֹּרֶ֥יהָ / Harás además un candelabro de oro puro; labrado a martillo se hará el candelabro…” (Éxodo 25:31). Aquella obra monumental fue encargada a un joven artesano llamado Betzalel, בְBe / צֵל Tzel : Sustantivo que significa “sombra” o “cobijo / אֵל (El ) : Uno de los nombres divinos. (בְּצַלְאֵל) cuyo nombre significa “bajo la Sombra / cobijo de Di-s”. Nieto de Hur e hijo de Uri, Betzalel creció rodeado del arte de la metalurgia y la orfebrería. Su extraordinaria habilidad era tan notable que, aún hoy, podríamos recordarlo como el verdadero “niño manos de oro”. Bajo la dirección de Moisés recibió una misión única: transformar una instrucción divina en una obra capaz de atravesar los siglos. Y lo logró. Porque la Menoráh no solo iluminó el Tabernáculo y más tarde el Templo de Jerusalén. También iluminó la memoria de generaciones enteras. Durante siglos, su luz acompañó plegarias, celebraciones, esperanzas y momentos difíciles. Mientras imperios surgían y desaparecían, la imagen de la Menoráh permanecía viva en el corazón de un pueblo que jamás olvidó sus raíces. Una Obra Maestra Reconocida por la Historia Lo fascinante de la Menoráh es que no pertenece únicamente al mundo de la fe. Su existencia dejó huellas visibles en la historia y en la arqueología. La evidencia más conocida puede observarse en el Arco de Tito, en Roma, donde aparece representada siendo transportada por las legiones romanas después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Miles de visitantes contemplan cada año aquel relieve esculpido en piedra. Paradójicamente, lo que fue concebido como un monumento para celebrar una victoria militar terminó convirtiéndose en una de las pruebas históricas más famosas de la existencia de la Menoráh. A ello se suman monedas antiguas, mosaicos, grabados y numerosas representaciones descubiertas por arqueólogos en distintos lugares del antiguo mundo judío. Pocas piezas descritas en la Biblia cuentan con una presencia histórica tan amplia y documentada. La Menoráh y los Grandes Museos del Mundo La influencia artística de la Menoráh ha sido tan profunda que sus representaciones pueden encontrarse en estudios, colecciones y exposiciones realizadas por importantes instituciones culturales alrededor del planeta. Desde Roma hasta Jerusalén, pasando por museos dedicados a la arqueología bíblica y a la historia antigua, la Menoráh continúa siendo objeto de admiración, investigación y estudio. No es simplemente un símbolo religioso. Es una obra de arte. Es historia. Es patrimonio cultural. Es memoria viva. ¿Qué Significaba su Luz? La Shejiná; ¡Su presencia! Para el antiguo Israel, la Menoráh representaba mucho más que iluminación. Su llama recordaba la presencia divina, la sabiduría y la esperanza. Era un mensaje silencioso que afirmaba que incluso en los períodos más oscuros, la luz nunca desaparece por completo. Quizás por eso logró sobrevivir a guerras, destrucciones, exilios e imperios. Porque su verdadero significado jamás estuvo en el oro con que fue construida. El oro podía fundirse. Los muros podían derrumbarse. Los imperios podían desaparecer. Pero aquello que representaba la Menoráh jamás pudo ser destruido. La esperanza. La fe. La identidad. La certeza de que la luz siempre encuentra el camino para volver a brillar. La Menoráh Hoy Miles de años después, la Menoráh continúa inspirando a millones de personas alrededor del mundo. Cada diseño moderno es un homenaje a aquella primera obra maestra creada por Betzalel. En Shulem creemos que conocer la historia de los símbolos que utilizamos transforma completamente su significado. Cuando comprendes lo que representa una Menoráh, ya no observas un simple objeto decorativo. Observas la historia de un pueblo. La memoria de generaciones. La herencia de quienes mantuvieron viva una tradición a través de los siglos. Y quizás por eso sigue siendo una de las piezas más admiradas, apreciadas y coleccionadas dentro del arte judaico. Porque algunas obras son hermosas. Pero solo unas pocas son capaces de emocionar después de más de tres mil años. Una Pieza Admirada por el Mundo La Menoráh no solo ocupa un lugar privilegiado en la historia del pueblo de Israel. También forma parte del patrimonio cultural más estudiado y admirado de la humanidad. Su imagen puede encontrarse en el célebre Arco de Tito en Roma, uno de los testimonios arqueológicos más importantes relacionados con la destrucción de Jerusalén en el año 70 d.C. Representaciones de la Menoráh han sido estudiadas por arqueólogos, historiadores y especialistas de instituciones de renombre internacional, y forman parte del interés permanente de museos y centros de investigación dedicados a la historia antigua, la arqueología bíblica y el patrimonio judío. Desde Jerusalén hasta Roma, pasando por algunas de las colecciones históricas más importantes del mundo, la Menoráh continúa despertando admiración por su extraordinaria belleza artística y su profundo significado histórico. Pocas obras descritas en la Biblia pueden afirmar que han trascendido durante más de tres mil años conservando intacta su capacidad de inspirar a millones de personas. Descubre Nuestra Colección de Menorot En nuestra tienda

Maguen Kohen; Una leyenda milenaria
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MAGUÉN KOHEN:

Una Leyenda Milenaria ¿Conocías esta antigua leyenda del Maguen David? Yo tenía apenas 15 años cuando escuché esta leyenda por primera vez de labios de la tía Myriam, la abuela esotérica de mis amigos Ariel, José y del pequeño Ilaan. Amante de los libros del Zóhar, la Kábala, los astros y de los antiguos misterios ocultos, acababa de regresar de uno de sus últimos viajes a Jerusalén cuando me entregó un pequeño regalo que yo jamás olvidaría. —Yakito, te traje un regalito, mijito. —¡Oh, qué bacán! ¡Muchas gracias, tía! Todavía recuerdo mi emoción del adolescente inquieto y extrovertido que fui. Por mis escasos recursos era la primera vez que sostenía en mis manos algo traído directamente desde la tierra de nuestros antepasados. Observé el regalo, un pequeño paquetito decorado con una bella cinta de color celeste y blanco durante algunos segundos. En el centro colgaba una reluciente Magüen David en acero que aun conservo, cuyo significado aun que yo lo desconocía, aun asi lo amaba. —Tía… ¿qué significa el Maguén David? La anciana de 75 años sonrió unos segundos Recuerdo su rostro emocionado y sus ojitos vidriosos al rememorar su infancia mientras yo sudado me acurrucaba sobre su hombro al tiempo que ella acariciaba mi cabeza despeinada después de que Ariel y yo saliéramos corriendo de la tienda de la Gran Avenida tras romper accidentalmente el mesón de vidrio. Por un instante guardó silencio. Sus ojos parecieron viajar cientos de millones de kilómetros a su infancia, muchas décadas hacia atrás, hasta las calles de su añorada ciudad natal de la Kiev soviética, donde había pasado su infancia poco antes que la guerra cambiara para siempre el destino de millones de personas inocentes. —Mijito… te contaré la misma historia que me contó mi abuelito Samuel cuando yo tenía apenas diez años. Aun no puedo olvidar su carita melancólica y esos ojos celeste cielo al mismo tiempo que reflejaba paz y agradecimiento por la familia que vino a construir a éstas tierras del fin del mundo. Y entonces, con una voz que parecía viajar en el tiempo, comenzó su historia… “En tiempos antiguos, cuando el reino de Israel se alzaba bajo el mando del Rey David, el sabio y valiente monarca enfrentaba constantes desafíos para consolidar su nación y proteger a su pueblo. Aunque David era un hombre de fe genuina y un estratega formidable y valiente, sentía que a sus hombres les faltaba algo: un símbolo que refleje una emoción sagrada y materializara la conexión divina y la protección del Creador en el campo de batalla. Un día, mientras contemplaba el vasto horizonte desde su palacio en Jerusalén, David tuvo una inspiración que parecía casi celeste. En su mente vio un escudo radiante, adornado con dos figuras geométricas que no solo brillaban con su plateado de luz sin igual, sino que albergaban un profundo significado espiritual. El gran Rey David sintió  de inmediato que debía plasmar esa visión. Para hacer realidad el diseño, el rey convocó al más hábil de sus artesanos: Hiram. Un descendiente directo de Betzalel —El renombrado artífice del Tabernáculo en la travesía del basto desierto de Canaán y el mismo constructor de la Menoráh—, Hiram llevaba en la sangre el don del tallado y el arte de la orfebrería y aceptó el desafío con el mismo anhelo que décadas antes lo había hecho Betzalel y Hur. Trabajó en la obra con esmero durante semanas, casi en un estado de trance. El diseño final consistía en un escudo donde entrelazó dos triángulos equiláteros, formando una estrella de seis puntas. El triángulo que apuntaba hacia el cielo simbolizaba la elevación del alma hacia lo divino; el que apuntaba hacia la tierra, representaba la unión y protección del cielo entre lo divino y lo humano Para sellar el poder de la pieza, David ordenó grabar en el corazón de la estrella una inscripción sagrada: las palabras de la Bendición Sacerdotal, la Birkat Kohanim (Bemidbar 6:24-26). Hiram talló cada letra con una precisión milimétrica, logrando que los trazos vibraran con una fuerza única. יִשָּׂא יְהוָה פָּנָיו אֵלֶיךָ, וְיָשֵׂם לְךָ שָׁלוֹם יָאֵר יְהוָה פָּנָיו אֵלֶיךָ, וִיחֻנֶּךָּ / “Yïebarejejá Ado-nay veishmerekja iaer Adö-nay panav eleja vijuneka isa Ado-nay panav eleja veiasem lejá shalom /Que Dios os bendiga y os proteja, Que Dios haga brillar Su rostro frente a vosotros y ponga en ti shalom” Cuando el escudo estuvo terminado, el Rey David lo tomó entre sus manos con profunda reverencia. Su brillo dorado y sus intrincadas inscripciones no eran solo una obra maestra de la artesanía, sino un canal de fe. Lo bautizó como el ‘Magen Kohen’ (el Escudo Sacerdotal) y lo presentó a sus tropas antes de marchar a la siguiente gran batalla. La leyenda cuenta que, al entrar al combate, el escudo resplandecía con una luz tan viva que parecía invocar un ejército celestial. Al verlo alzarse en el horizonte, los soldados sintieron cómo el miedo desaparecía, reemplazado por una confianza inquebrantable.” —¡Rin, Rin! ¡Aloooó! El relato de la tía Myriam había terminado en cuanto, de pronto, el timbre de la casa sonó insistentemente, una y otra vez, devolviéndonos abruptamente a la realidad. Mi amigo Ariel me observó nervioso; juro que su pelo color cobre parecía erizarse de susto y se dirigió a hablarle a su abuelo. Era el encargado de la tienda: venía a acusarnos y a cobrar el valor del vidrio del mesón que habíamos roto. ¡$60.000! El tío Isaac, marido de Myriam con su paciencia infinita y sin reclamarnos nada, se levantó y le pagó la cuenta en la puerta de la calle, cuidando que la tía Myriam no se enterara en ese momento. Pues como todo judío era conocida por ser devota de la virgen del puño. Así fue como el Magen Kohen cruzó los umbrales del tiempo. Con los siglos, el misticismo lo transformó: para algunos se convirtió en un talismán de protección; para otros, en un recordatorio de guía divina. Hay quienes hoy lo llaman simplemente “la medalla de la protección”, otros “una medalla

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