MAGUÉN KOHEN:

Maguen Kohen; Una leyenda milenaria

Una Leyenda Milenaria

Yo tenía apenas 15 años cuando escuché esta leyenda por primera vez de labios de la tía Myriam, la abuela esotérica de mis amigos Ariel, José y del pequeño Ilaan. Amante de los libros del Zóhar, la Kábala, los astros y de los antiguos misterios ocultos, acababa de regresar de uno de sus últimos viajes a Jerusalén cuando me entregó un pequeño regalo que yo jamás olvidaría.

—Yakito, te traje un regalito, mijito.

—¡Oh, qué bacán! ¡Muchas gracias, tía!

Todavía recuerdo mi emoción del adolescente inquieto y extrovertido que fui. Por mis escasos recursos era la primera vez que sostenía en mis manos algo traído directamente desde la tierra de nuestros antepasados.

Observé el regalo, un pequeño paquetito decorado con una bella cinta de color celeste y blanco durante algunos segundos. En el centro colgaba una reluciente Magüen David en acero que aun conservo, cuyo significado aun que yo lo desconocía, aun asi lo amaba.

—Tía… ¿qué significa el Maguén David?

La anciana de 75 años sonrió unos segundos

Recuerdo su rostro emocionado y sus ojitos vidriosos al rememorar su infancia mientras yo sudado me acurrucaba sobre su hombro al tiempo que ella acariciaba mi cabeza despeinada después de que Ariel y yo saliéramos corriendo de la tienda de la Gran Avenida tras romper accidentalmente el mesón de vidrio.

Por un instante guardó silencio. Sus ojos parecieron viajar cientos de millones de kilómetros a su infancia, muchas décadas hacia atrás, hasta las calles de su añorada ciudad natal de la Kiev soviética, donde había pasado su infancia poco antes que la guerra cambiara para siempre el destino de millones de personas inocentes.

—Mijito… te contaré la misma historia que me contó mi abuelito Samuel cuando yo tenía apenas diez años. Aun no puedo olvidar su carita melancólica y esos ojos celeste cielo al mismo tiempo que reflejaba paz y agradecimiento por la familia que vino a construir a éstas tierras del fin del mundo.

Y entonces, con una voz que parecía viajar en el tiempo, comenzó su historia…

“En tiempos antiguos, cuando el reino de Israel se alzaba bajo el mando del Rey David, el sabio y valiente monarca enfrentaba constantes desafíos para consolidar su nación y proteger a su pueblo. Aunque David era un hombre de fe genuina y un estratega formidable y valiente, sentía que a sus hombres les faltaba algo: un símbolo que refleje una emoción sagrada y materializara la conexión divina y la protección del Creador en el campo de batalla.

Un día, mientras contemplaba el vasto horizonte desde su palacio en Jerusalén, David tuvo una inspiración que parecía casi celeste. En su mente vio un escudo radiante, adornado con dos figuras geométricas que no solo brillaban con su plateado de luz sin igual, sino que albergaban un profundo significado espiritual. El gran Rey David sintió  de inmediato que debía plasmar esa visión.

Para hacer realidad el diseño, el rey convocó al más hábil de sus artesanos: Hiram. Un descendiente directo de Betzalel —El renombrado artífice del Tabernáculo en la travesía del basto desierto de Canaán y el mismo constructor de la Menoráh—, Hiram llevaba en la sangre el don del tallado y el arte de la orfebrería y aceptó el desafío con el mismo anhelo que décadas antes lo había hecho Betzalel y Hur.

Trabajó en la obra con esmero durante semanas, casi en un estado de trance. El diseño final consistía en un escudo donde entrelazó dos triángulos equiláteros, formando una estrella de seis puntas. El triángulo que apuntaba hacia el cielo simbolizaba la elevación del alma hacia lo divino; el que apuntaba hacia la tierra, representaba la unión y protección del cielo entre lo divino y lo humano

Para sellar el poder de la pieza, David ordenó grabar en el corazón de la estrella una inscripción sagrada: las palabras de la Bendición Sacerdotal, la Birkat Kohanim (Bemidbar 6:24-26). Hiram talló cada letra con una precisión milimétrica, logrando que los trazos vibraran con una fuerza única.

Cuando el escudo estuvo terminado, el Rey David lo tomó entre sus manos con profunda reverencia. Su brillo dorado y sus intrincadas inscripciones no eran solo una obra maestra de la artesanía, sino un canal de fe. Lo bautizó como el ‘Magen Kohen’ (el Escudo Sacerdotal) y lo presentó a sus tropas antes de marchar a la siguiente gran batalla.

La leyenda cuenta que, al entrar al combate, el escudo resplandecía con una luz tan viva que parecía invocar un ejército celestial. Al verlo alzarse en el horizonte, los soldados sintieron cómo el miedo desaparecía, reemplazado por una confianza inquebrantable.”

—¡Rin, Rin! ¡Aloooó!

El relato de la tía Myriam había terminado en cuanto, de pronto, el timbre de la casa sonó insistentemente, una y otra vez, devolviéndonos abruptamente a la realidad. Mi amigo Ariel me observó nervioso; juro que su pelo color cobre parecía erizarse de susto y se dirigió a hablarle a su abuelo.

Era el encargado de la tienda: venía a acusarnos y a cobrar el valor del vidrio del mesón que habíamos roto. ¡$60.000! El tío Isaac, marido de Myriam con su paciencia infinita y sin reclamarnos nada, se levantó y le pagó la cuenta en la puerta de la calle, cuidando que la tía Myriam no se enterara en ese momento. Pues como todo judío era conocida por ser devota de la virgen del puño.

Así fue como el Magen Kohen cruzó los umbrales del tiempo. Con los siglos, el misticismo lo transformó:

para algunos se convirtió en un talismán de protección; para otros, en un recordatorio de guía divina. Hay quienes hoy lo llaman simplemente “la medalla de la protección”, otros “una medalla de la ¨suerte¨…”Sin embargo, para el pueblo de Israel —cuyo Dios es Uno— lo demás son solo relatos; algunos con más peso histórico, otros con un valor puramente emocional transmitido de generación en generación.

Pero lo innegable es que la historia y el legado de este emblema perduraron a través de los siglos. Esta estrella inspiró fe y fuerza en los corazones de aquellos niños que, como la tía Myriam, lucharon por sobrevivir en la crueldad de la guerra. Ella logró resistir aferrándose a sus recuerdos, manteniendo viva la memoria de sus seres perdidos, y grabando en su mente las oraciones y la lectura del Zohar en la Sinagoga, antes de que invadieran su añorada Kiev de la infancia.

(En memoria de Marta Myriam Wigman, fallecida el 12 de marzo de 2013 a los 105 años, quien con su maravillosa supervivencia se vengó del maldito régimen nazi).

Y tú, ¿cómo usas la Estrella de David?

¿Qué significado e importancia tiene en tu vida?

Esta es la historia que nos regala la tradición y la leyenda… pero ¿cuál es la verdadera historia documental y arqueológica del famoso Escudo de David? Déjanos tu opinión en los comentarios y, si les interesa, en un próximo post desenterraremos lo que cuenta la historia real y el registro documental. ¡Los leo!

 

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