Si la primera parte de esta historia estuvo dedicada a un símbolo, esta segunda parte está dedicada a las personas que posiblemente lo utilizaron.
Pero para comprender quiénes fueron realmente aquellos primeros Ha-Notszri (nazarenos o cristianos) y evitar el error del presentismo de épocas pasadas —tan común en los trabajos de investigación—, vamos a hacer un pequeño ejercicio histórico. Para ello, te voy a pedir que:
Por unos minutos olvidemos las catedrales.
Olvidemos los vitrales.
Olvidemos los campanarios.
Olvidemos incluso las denominaciones religiosas modernas.
Porque ninguna de ellas existía todavía.
Es necesario entonces que retrocedamos casi un poco más de dos mil años en la historia.
Jerusalén aún respiraba.
El Templo seguía en pie.
Y un pequeño grupo de judíos y gentiles comenzaba a extenderse por diferentes regiones del Imperio Romano siguiendo las enseñanzas de un Maestro judío de Galilea llamado Yehoshua, quien por el mundo occidental fue conocido como Jesús de Nazaret.

La imagen corresponde a la maqueta a escala de Jerusalén en la época del Segundo Templo (Holyland Model), exhibida en el Museo de Israel, Jerusalén. Sarah Murray from South Bend, IN, USA – 17311 CC BY-SA 2.0
¿Quiénes eran los Ha-No.tszri?
Los registros antiguos mencionan a los seguidores de Jesús utilizando distintos nombres.
Uno de ellos fue Ha-No.tszri.
Término asociado a Nazaret, la ciudad donde creció Jesús.
Mucho antes de que existieran las denominaciones modernas, aquellos creyentes eran conocidos simplemente como seguidores del Nazareno.
Entre ellos encontramos pescadores, artesanos, comerciantes, agricultores, médicos y abogados y familias enteras y también gentiles provenientes de diversas regiones del Imperio Romano.
Vivían dentro de un contexto profundamente judío.
Observaban el Shabat.
Conocían las festividades bíblicas.
Frecuentaban las sinagogas.
Y todos continuaban viendo a Jerusalén como el centro espiritual de su fe.
Sin embargo, cuando hablamos de ellos debemos tener cuidado de no observar el siglo I con los mismos ojos del siglo XXI.
Aquellas comunidades nacieron en una época completamente distinta a la nuestra.
No existían iglesias organizadas como las conocemos hoy.
No existían denominaciones.
No existían seminarios.
No existían estructuras religiosas internacionales.
Existían pequeñas comunidades dispersas unidas principalmente por las enseñanzas transmitidas por los discípulos y por una profunda esperanza compartida.
Jerusalén: el corazón del movimiento
Durante los primeros años, Jerusalén fue el centro neurálgico de aquellas comunidades.
La ciudad no solo albergaba el Templo más importante del judaísmo, sino también a los principales discípulos de Jesús / Yehoshua
Entre ellos destacaba Jacobo, conocido posteriormente como Santiago, considerado por numerosas fuentes antiguas como una de las figuras más importantes de la comunidad de Jerusalén.
Desde allí comenzaron a salir maestros, predicadores y mensajeros hacia diferentes regiones del mundo conocido.
Antioquía; Siria; Adia Menor, Gracia Y según antiguas tradiciones, incluso Hispania – España.
Lo que comenzó como un pequeño movimiento en Judea comenzaba lentamente a cruzar fronteras.
La expansión no fue producto de grandes campañas organizadas ni de estructuras institucionales complejas.
En muchos casos fueron comerciantes, viajeros, familias completas y creyentes comunes quienes llevaron consigo las enseñanzas que habían recibido.
Así comenzaron a surgir pequeñas comunidades separadas por cientos o incluso miles de kilómetros.

Imagen corresponde a un hallazgo arqueológico de una antigua comunidad cristiana de la época en Tel Shilóh. Mosaico en la antigua Siloh siglo I. Autor: Bukvoed (vía Wikimedia Commons). Licencia CC BY 4.0.
Cuando Roma comenzó a observarlos
Durante las primeras décadas aquellas comunidades pasaron relativamente desapercibidas para las autoridades romanas.
Con frecuencia eran vistas simplemente como una corriente más dentro del complejo universo religioso judío.
Pero a medida que crecían y comenzaban a aparecer en ciudades importantes del Imperio, la situación empezó a cambiar.
Lo que parecía un pequeño movimiento local comenzaba lentamente a extenderse por diversas regiones del Mediterráneo.
Antioquía.
Corinto.
Éfeso.
Grecia.
Roma.
Nuevas comunidades surgían constantemente.
Cada ciudad aportaba sus propias características culturales, pero todas conservaban un vínculo con la memoria de Jerusalén.
Fue en este contexto cuando comenzó a desarrollarse una red informal de creyentes dispersos por distintas provincias romanas.
Sin saberlo, aquellas pequeñas comunidades estaban a punto de enfrentar uno de los períodos más difíciles de su historia, mientras en el presente algunos pretenden imitarles no respetando el dolor que en el pasado atravesaron sus hermanos para hoy comenzar un nuevo lucro a costa de la fe de algunas personas o tal vez quizá solo sumar adeptos en base a nuevas ideologías religiosas fuera del real contexto de los verdaderos mártires de una comunidad judeocristiana que con sus travesías y sufrimientos marcaron las líneas del tiempo en el mundo contemporáneo en antes y después de ellos.
Un devastador incendio que cambió la historia
Corría el año 64 de nuestra era.
Roma comenzó a arder.
Un gigantesco incendio consumió gran parte de la capital del Imperio.
Durante varios días las llamas destruyeron barrios enteros provocando una profunda crisis política y social.
La población exigía respuestas.
Exigía culpables.
Y las sospechas comenzaron a multiplicarse.
Según relata el historiador romano Tácito, el emperador Nerón terminó señalando a los seguidores de Jesús como responsables.
La persecución que siguió a aquellos acontecimientos quedó registrada por diversos autores antiguos como una de las primeras acciones sistemáticas dirigidas contra estas comunidades.
Muchos fueron arrestados.
Otros ejecutados.
Otros simplemente desaparecieron de los registros históricos.
Más allá de las cifras exactas, el impacto psicológico fue enorme.
El miedo comenzó a extenderse.
Y junto con el miedo también comenzó a extenderse la dispersión.
Dentro de este mismo contexto histórico se registra la muerte del afamado Apóstol o Rabino Pablo sentenciado por Nerón a ser decapitado entre los años 64 y 68 d.C.
Entre persecuciones y caminos
Mientras algunos permanecían en Roma, otros continuaban viajando.
Las rutas comerciales del Mediterráneo comenzaron a convertirse también en rutas para la transmisión de enseñanzas, tradiciones y relatos.
Pequeñas comunidades surgieron en ciudades lejanas unas de otras. Recordemos: Gracia – Asia Menor – Siria – Egipto – Norte de África – Roma – Hispania
Cada región desarrolló características propias.
Pero todas compartían una memoria común.
Una historia común.
Y una esperanza común.
Fue precisamente durante este período cuando los símbolos comenzaron a adquirir una importancia cada vez mayor.
Comunidades separadas por enormes distancias necesitaban reconocerse entre sí.
Conservar una identidad.
Recordar sus orígenes.
La Menoráh.
El Pez.
La Estrella.
Los símbolos que analizamos en la primera parte de esta investigación probablemente encontraron parte de su significado precisamente en esta necesidad de identidad y continuidad.
Jerusalén se aproxima a la tormenta
Mientras las comunidades crecían en distintas regiones del Imperio, la situación en Judea se volvía cada vez más tensa.
Las relaciones entre Roma y gran parte de la población judía se deterioraban rápidamente.
Las tensiones políticas.
Los conflictos religiosos.
Los impuestos.
Las diferencias culturales.
Y el creciente sentimiento nacional provocaban una situación explosiva.
La guerra se acercaba.
Y Jerusalén estaba a punto de convertirse en el escenario de uno de los acontecimientos más dramáticos de toda su historia.
Uno de los testigos más importantes de aquellos años sería Yosef Ben Matityahu, conocido por el mundo como Flavio Josefo.
Sus escritos permiten comprender el complejo contexto político, militar y religioso que desembocaría en la gran guerra contra Roma.
Una guerra cuyas consecuencias cambiarían para siempre la historia del pueblo judío y también la historia de aquellas primeras comunidades de seguidores de Jesús.
Una comunidad confundida por otra
Uno de los errores más frecuentes de nuestro tiempo consiste en observar aquellas comunidades antiguas utilizando categorías modernas. (Presentismo histórico)
Los Ha-No.tszri del siglo I vivieron en un contexto completamente diferente.
La estructura institucional que siglos más tarde daría origen al cristianismo romano todavía no existía en la forma que hoy conocemos.
Tampoco existían las denominaciones protestantes surgidas muchos siglos después durante la Reforma.
Cada uno de estos fenómenos pertenece a contextos históricos distintos, separados por siglos de acontecimientos, transformaciones políticas y cambios culturales.
Comprender estas diferencias no busca dividir.
Busca comprender mejor la historia.
Porque solamente entendiendo cada período en su propio contexto podemos acercarnos a la realidad de aquellas primeras comunidades.
Un legado que sobrevivió
Mucho antes de las grandes catedrales.
Mucho antes de las denominaciones.
Mucho antes de los debates modernos.
Existieron hombres y mujeres que caminaron por los caminos polvorientos de Judea, Siria, Grecia y Roma llevando consigo únicamente sus convicciones, sus enseñanzas y su esperanza.
Algunos fueron perseguidos, muertos, ultrajados, aislados y hasta decapitados.
Otros emigraron.
Muchos desaparecieron en el anonimato de la historia, otros la nueva institución del Imperio Romano los hizo pasar por padres de su nuevo imperio.
Pero su legado continuó viajando de generación en generación.
Y aunque Roma parecía eterna, el destino tenía preparado un acontecimiento que cambiaría para siempre el futuro de Jerusalén.
Es precisamente aquí, en este punto de la historia justo en las puertas del año 66 d.C., con las legiones de Cestio Galo y luego Vespasiano acercándose a Judea.

Pero esa… es una historia para el capítulo III y penúltima de esta investigación. Otra historia que también merece ser contada.
Continúa en:
HA-NO.TSZRI III Jerusalén, la guerra y la diáspora.
Cliquea la imagen o el título para conocer el siguiente capítulo de ésta serie de investigación histórica de los Ha-No.Tszri
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Para profundizar esta investigación
Si deseas ampliar algunos de los temas tratados en este artículo, te invitamos a consultar las siguientes fuentes históricas y metodológicas que complementan nuestra investigación.
Nota del autor
Si te perdiste la publicación sobre la etimología del término Ha-No.tszri puedes verla en el capitulo 1 de esta serie o si quieres ampliar aun más en cualquiera de los temas abordados en esta investigación, te invitamos a consultar las fuentes recomendadas de nuestra bibliografía en los siguientes enlaces ordenados por etapa de investigación estudiada.
Con el propósito de preservar la mayor fidelidad posible de la información, se han citado preferentemente las publicaciones originales de instituciones y obras especializadas. Si alguna de ellas se encuentra disponible únicamente en inglés, puedes utilizar la función de traducción automática de tu navegador para consultarla en español.
Origen del término y Primeras Comunidades:
- Publicación Primera Parte de Ha-Notszri I para revisar las fuentes bibliográficas del termino https://shulemchile.com/ha-no-tszri-simbolo-en-el-olvido/
- The Anchor Bible Dictionary – Nazarene (Estudio académico detallado sobre los orígenes del movimiento) https://ia801707.us.archive.org/24/items/AnchorBibleDictionaryVol11992.rocs/AnchorBibleDictionary%20vol%204%201992.rocs.pdf
Contexto Histórico y Fuentes Primarias
(Anales de la Historia. Tácito, Anales XV, 44) Perseus Digital Library : https://www.perseus.tufts.edu/hopper/text?doc=Perseus%3Atext%3A1999.02.0078%3Atext%3DA.%3Achapter%3D15%3Asection%3D44
(Flavio Josefo, Antigüedades XX, 200 – Sobre Apóstol Jacobo) /Project on Ancient Cultural Engagement : https://pace.mcmaster.ca (Desde su buscador puedes acceder directamente al catálogo de Antiquities)
(PBS – Nerón y el incendio y el incendio en Roma) / The Roman Empire in the First Century : https://www.pbs.org/empires/romans/
Arqueología e Historia del Entorno
- Israel Antiquities Authority (IAA): https://www.antiquities.org.il
- The Israel Museum, Jerusalem: https://www.imj.org.il
- The Biblical Archaeology Society: https://www.biblicalarchaeology.org
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